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Задания
Задание 12 № 716

Los padres de Adela no la llevaron a la guardería porque

 

1) no era sociable

2) se enfermaba a menudo

3) tenían miedo de que le ocurriera algo

4) otros niños podían hacerle daño


El tobogán

 

A Adela, sus padres la quieren mucho, pero siempre tienen miedo de que pueda ocurrirle algo: que la atropelle un coche, o que se caiga por la escalera, o... por eso no la llevaron a la escuela hasta que tuvo cinco años. Su tía Nuria, que es hermana de su madre y tiene tres niños, siempre le aconsejaba:

— Mandadla a los dos años al parvulario, que a los chiquitines les sienta muy bien relacionarse con niños de su edad, y así será más abierta, más sociable...

Pero su madre siempre respondía:

— Me hace sufrir, es tan tímida, Adela seguro que se pondría a chillar y patalear y me pediría, llorando, que no la dejara, y eso yo no podría soportarlo, pobrecilla mía. Además en las guarderías lo pillan todo, y seguro que no los cuidan lo suficiente. No, de hecho, no le pasa la edad, demasiado tiempo tendrá para estar separada de mí, pobrecilla mía. ¡Y ya le da el sol, todos los días salimos a pasear un ratito!

Sí, la llevaba a pasear por un parque que había cerca de su casa, muy abrigada en invierno, con la gorra y la bufanda bien atada, no fuera que pillara el resfriado.

Un día, cuando Adela rayaba los cuatro años ya estaba en el parque, al lado de su madre, llenando con arena su cubo de plástico, vio que unos niños, poco más o menos, de su edad, trepaban por la escalera del tobogán pequeño. Adela los vio y se quedó mirándolos, boquiabierta tras la bufanda y la pala suspendida en el aire. El viento jugaba con los cabellos de los niños, que reían con estridentes chillidos: seguro que eso de trepar por aquella estrecha y larguirucha escalera debía ser muy divertido, pensó la niña.

Adela miró de reojo a su madre, que en aquel momento estaba distraída hablando con una vecina de banco sobre cómo coger los puntos que se escapan de la media. La niña no se lo pensó mucho, dejó caer la pala y el cubo y se acercó al tobogán.

Sola no había subido nunca, siempre lo había hecho con la ayuda de su padre o de su madre. Tenía ante ella los barrotes, algo brillantes, de piececitos presurosos, entusiásticamente redondos, como si convidasen a ser cogidos...

¡Hala... arriba! Un pie en un barrote y las manos en el de encima. Ahora el otro ¡huy!, cuánto cuesta eso sin que te empuje una mano grande. Adela ya se agarra a las barandas de la parte superior del tobogán y se sienta. Mirando abajo, ve las maderas pulidas y gastadas que descienden. Y no está su padre o su madre con las manos extendidas parándole la caída.

La pequeña tiembla, sus manitas, agarradas a la barra metálica, sudan...

Entonces todo sucede muy deprisa.

El chirrido brusco у vocinglero del frenazo de un coche sobresaltó a la madre de Adela, que giró inmediatamente la cabeza buscando a la niña. En el suelo vio la pala y el cubo.

— Mi hija... ¿dónde está mi hija? — chilló al mismo tiempo que se levantaba alarmada.

— No se asuste, mírela, está en el tobogán — la tranquilizó la vecina del banco. No llegó a tiempo la señora Rosa de detenerla. En aquel corto instante ya había subido por la escalera del tobogán un chiquillo con cara de travieso y, de un fuerte empujón, había mandado a Adela a la arena.

Cuando su madre se arrodilló a su lado, Adela no lloraba, la sorpresa y el susto le habían abierto la boca; en realidad, apenas se había dado cuenta de lo que había ocurrido. Con los gritos de su madre se asustó. Y rompió a llorar con todas sus fuerzas.

— Hijita mía, ¿te has lastimado mucho? ¡Ven, ven con tu mamita!

La cogió en brazos como si fuera un bebé y, llevándosela al banco, la acunaba mientras le iba susurrando:

¿Lo ves? Ya te decía yo que no jugaras con los niños, son malos, y tú aún eres pequeñita, ¡pobrecita mía!

 

Пояснение.

Siempre tienen miedo de que pueda ocurrirle algo: que la atropelle un coche, o que se caiga por la escalera, o... por eso no la llevaron a la escuela hasta que tuvo cinco años.

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