Прочитайте текст и выполните задания 12–18. В каждом задании обведите цифру 1, 2, 3 или 4, соответствующую выбранному вами варианту ответа.
Un supermercado nuevo
Las madres tienen unos esquemas mentales diferentes a los del resto de la gente. Su obsesión por ir de compras, por ejemplo. No hay vez que salgan de casa que no aprovechen para comprar algo: un paquete de sal, una lechuga, unas zapatillas deportivas, un jarabe para la tos, una barra de pan o un par de calcetines. Cuando mi madre supo que cerca de nuestra casa estaban a punto de inaugurar un supermercado, se llevó una de las mayores alegrías de su vida. «¡Iremos el viernes y haremos la compra semanal!»
Me horroricé sólo de pensar en ello. «La compra semanal» es una de las peores experiencias que pueden vivirse en mi familia. Suele consistir en una expedición familiar al centro comercial o al supermercado del barrio, donde mis hermanos se pasan todo el rato pidiéndole a mamá que les compre porquerías y de la que regresamos tan cargados como si volviéramos de explorar África.
El viernes, cuando los niveles de leche, Coca-Cola, pipas con sal y otros alimentos de primera necesidad empezaban a estar por los suelos, la familia emprendió su expedición al súper, sólo que esta vez nos esperaba más de una sorpresa. Entramos en el nuevo edificio con paso firme. Mamá corrió a hacerse con un carrito, se quitó el abrigo y se subió las mangas (como si se propusiera hacer alguna actividad donde pudiera ensuciarse) y se dirigió al primer pasillo. Y allí le esperaba el chasco.
Perfectamente alineadas, había una buena colección de latas de todos los colores, sobre ellas podía leerse lo que había en su interior. Mamá leyó en voz baja, boquiabierta: «Brotes de soja, tallos de bambú, rambután en almíbar, ralladura de jengibre, sésamo en grano». ¿Y qué decir de la sección de platos precocinados?: «Sopa de wan-tun», «Nidos de codorniz», «Tom Yang Kung», «Samosa con curry»...
La cara de mamá era digna de ser fotografiada. Tomaba las latas, las leía por delante, por detrás, por todas partes y las volvía a dejar en su lugar con el ceño fruncido. A veces, no lograba saber qué habría dentro de las latas, porque estaba escrito en chino, o en japonés, o en vietnamita, o en lo que fuera. En otras, lo que contenían las latas era tan exótico que hubiera preferido no saberlo. Diez minutos después de nuestra entrada triunfal en el súper, mamá se acercó a mi padre, que lo contemplaba todo igual de perplejo, pero sin atreverse a tocar nada, y le susurró al oído: «Es un súper de comida rara».
Lo oí. Reconozco que estaba esperando esa reacción desde que atravesamos el umbral. Por eso no me separé de mis padres y permanecí atenta, para poder corregirles cualquier barbaridad que pudieran decir. Mis padres pertenecen a ese tipo de gente que ve con desconfianza todo lo extranjero, sobre todo cuando «extranjero» también es sinónimo de «extraño», o de «diferente». Salté de inmediato, como es habitual en mí. «No es comida rara, mamá. Es comida china», dije enfadada.
«Es lo mismo», se defendió ella, con una ligera expresión de fastidio. «No es lo mismo. Para los chinos seguro que es rarísima una tortilla de patatas», dije. «Qué dices, — terció papá. — Una tortilla de patatas es lo mejor que se ha inventado. Todo el mundo lo sabe». Sonreí con esa suficiencia que da tener la razón y enfrentarse a quien no la tiene, aunque sean tus padres: «Esa es tu opinión. Para ellos es más normal la sopa de aleta de tiburón», comenté.
«¿A quién se le ocurre comerse un tiburón, hija? ¿O un nido de golondrina? ¿Tú eso lo consideras normal?» «No, es que...», balbucí. "Pues ya está. Acabas de darme la razón", concluyó mi padre. Y se marchó, dejándome con la palabra en la boca. Hay veces en que la educación de los padres deja mucho que desear...
La perplejidad y el desconcierto de los padres las había provocado...
1. ...la diversidad inusual de los alimentos precocinados.
2. ...el orden perfecto en que estaba colocada la mercancía.
3. ...la ausencia de las inscripciones en español.
4. ...el exotismo de los productos que ofrecía el supermercado.
A veces, no lograba saber qué habría dentro de las latas, porque estaba escrito en chino, o en japonés, o en vietnamita, o en lo que fuera. En otras, lo que contenían las latas era tan exótico que hubiera preferido no saberlo.
Правильный ответ указан под номером 4.

