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Задания
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Задание 16 № 582

¿Cómo son los venezolanos?

 

1) Sus modales se parecen mucho a los de los chilenos.

2) Les gusta tomar el pelo a los extranjeros.

3) Muy seguros de sí mismos.

4) Muy tímidos y como si pidieran perdón.


Прочитайте текст и выполните задания А15-А21. В каждом задании обведите цифру 1, 2, 3 или 4, соответствующую выбранному вами варианту ответа.

 

En nuestra casa, como en el resto del país, no se dialogaba; las reuniones consistían en una serie de monólogos simultáneos, sin que nadie escuchara a nadie, puro barullo y estática, como una transmisión de radio en onda corta.

Nada importaba, porque tampoco había interés por averiguar qué pensaban los demás, sólo en repetir el propio cuento.

En la vejez mi abuelo se negó a ponerse un aparato auditivo, porque consideraba que lo único bueno de su mucha edad era no tener que escuchar las tonterías que dice la gente sin cesar. Tal como expresó elocuentemente el general César Mendoza en 1983: «Estamos abusando de la expresión diálogo.

Hay casos en que no es necesario el diálogo. Es más necesario un monólogo, porque un diálogo es una simple conversación entre dos personas». Mi familia habría estado plenamente de acuerdo con la opinión de ese famoso militar.

Los chilenos tenemos tendencia a hablar en falsete. Mary Graham, una inglesa que visitó el país en 1822, comentó en su libro ¨Diario de mi residencia en Chile¨ que la gente era encantadora, pero tenía un tono desagradable de voz, sobre todo las mujeres. En general, la famosa viajera se quedó muy contenta al contemplar los paisajes preciosos de Chile.

Al hablar nos tragamos la mitad de las palabras, aspiramos la «s» y cambiamos las vocales, de manera que «¿cómo estás, pues?» se convierte en «com tai puh» y la palabra «señor» puede ser «iñol».

Existen al menos tres idiomas oficiales: el educado, que se usa en los medios de comunicación y entre la gente educada, en asuntos oficiales y que hablan algunos miembros de la clase alta cuando no están en confianza; el coloquial, que usa el pueblo, y el dialecto indescifrable y siempre cambiante de los jóvenes.

El extranjero de visita no debe desesperar, porque aunque no entienda ni una palabra, verá que la gente se desvive por ayudarlo. Además hablamos bajito y suspiramos mucho. Cuando vivía en Venezuela, donde hombres y mujeres son muy seguros de sí mismos y del terreno que pisan, era fácil distinguir a mis compatriotas por su manera de caminar como si fueran espías de incógnito y su invariable tono de pedir disculpas.

En aquel período de mi vida antes de ir a mi trabajo pasaba a diario a la panadería de unos portugueses a tomar mi primera taza de café de la mañana, donde siempre había una apurada multitud de clientes luchando por acercarse

al mesón. Los venezolanos gritaban desde la puerta «¡Un marroncito, vale!» y más temprano que tarde el vaso de papel con el café con leche les llegaba, pasando de mano en mano. Los chilenos, que en aquella época éramos muchos, porque Venezuela fue de los pocos países latinoamericanos que gracias al gobierno recibían refugiados e inmigrantes, levantábamos un tembloroso dedo índice y suplicábamos con un hilo de voz: «Por favorcito, ¿me da un cafecito, señor?». Podíamos esperar en vano la mañana entera.

Los venezolanos se burlaban de nuestros modales de mequetrefe, y a su vez a los chilenos nos espantaba a fondo la rudeza de ellos. A quienes vivimos en ese país por varios años nos cambió el carácter y, entre otras cosas, aprendimos, claro que sí, a pedir el café a gritos, dejamos de suspirar y supimos pisar el terreno venezolano como los demás. Lo único que nos hacía sufrir era la nostalgia.

Пояснение.

"en Venezuela, donde hombres y mujeres son muy seguros de sí mismos."

Источник: Демонстрационная версия ЕГЭ—2011 по испанскому языку.