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РЕШУ ЕГЭ — испанский язык
Вариант № 41567

ЕГЭ по испанскому языку 2021. Досрочная волна.

1.  
i

Вы услы­ши­те 6 вы­ска­зы­ва­ний. Уста­но­ви­те со­от­вет­ствие между вы­ска­зы­ва­ни­я­ми каж­до­го го­во­ря­ще­го A–F и утвер­жде­ни­я­ми, дан­ны­ми в спис­ке 1–7. Ис­поль­зуй­те каж­дое утвер­жде­ние, обо­зна­чен­ное со­от­вет­ству­ю­щей циф­рой, толь­ко один раз. В за­да­нии есть одно лиш­нее утвер­жде­ние. Вы услы­ши­те за­пись два­жды. За­не­си­те свои от­ве­ты в таб­ли­цу.

 

 

1.  Vi con mis propios ojos lo grandioso que es este monumento.

2.  En mi opinión profesional, esta construcción es impresionante.

3.  Me parece que es una auténtica maravilla creada por la naturaleza.

4.  Una sola visita no basta para apreciar la belleza de este lugar.

5.  Este lugar está en peligro de destrucción por expansión urbana.

6.  Me gustaría conocer la enigmática historia de estas estatuas.

7.  La circulación vehicular es una de las maravillas de este país.

 

Го­во­ря­щийABCDEF
Утвер­жде­ние
2.  
i

Вы услы­ши­те диа­лог. Опре­де­ли­те, какие из при­ве­ден­ных утвер­жде­ний А–G со­от­вет­ству­ют со­дер­жа­нию тек­ста (1  — Verdadero), какие не со­от­вет­ству­ют (2  — Falso) и о чем в тек­сте не ска­за­но, то есть на ос­но­ва­нии тек­ста нель­зя дать ни по­ло­жи­тель­но­го, ни от­ри­ца­тель­но­го от­ве­та (3  — No se menciona). За­не­си­те номер вы­бран­но­го Вами ва­ри­ан­та от­ве­та в таб­ли­цу. Вы услы­ши­те за­пись два­жды.

 

 

A.  Elisa comenta que tiene un asunto pendiente.

B.  Elisa debería haber terminado ya el informe trimestral.

C.  Elisa no quiere que Carlos le eche una mano con el informe.

D.  Hace unos años Calíope falló un par de proyectos importantes.

E.  Según Elisa, Calíope aún no ha mostrado su verdadera cara.

F.  Calíope Valverde le causó una buena impresión a Rubén.

G.  Elisa promete montar un escándalo en la reunión de mañana.

 

За­пи­ши­те в ответ цифры, рас­по­ло­жив их в по­ряд­ке, со­от­вет­ству­ю­щем бук­вам:

ABCDEFG

3.  
i

Вы услы­ши­те ре­пор­таж два­жды. Вы­бе­ри­те пра­виль­ный ответ 1, 2 или 3.

 

 

Raúl Blanco lamenta que hoy en día los consumidores...

 

1.  ...prefieran las mejores marcas de ropa.

2.  ...gasten más en amueblar la casa que en comprar ropa.

3.  ...apuesten por comprar más cosas sin pensar mucho en calidad.

4.  
i

Вы услы­ши­те ре­пор­таж два­жды. Вы­бе­ри­те пра­виль­ный ответ 1, 2 или 3.

 

 

El señor Blanco afirma que el progreso de la industria textil...

 

1.  ...juega en contra del sector de Tintorerías y Lavanderías.

2.  ...ha estimulado el crecimiento de la economía nacional.

3.  ...hace imposible medir la rentabilidad de las lavanderías.


5.  
i

Вы услы­ши­те ре­пор­таж два­жды. Вы­бе­ри­те пра­виль­ный ответ 1, 2 или 3.

 

 

Nina Boqueras comenta que una tintorería nunca será rentable a menos que...

 

1.  ...su dueño posea un gran talento empresarial.

2.  ...se encuentre en un barrio comercial y de negocios.

3.  ...se trate de una cadena de tintorerías y lavanderías.

6.  
i

Вы услы­ши­те ре­пор­таж два­жды. Вы­бе­ри­те пра­виль­ный ответ 1, 2 или 3.

 

 

Raúl Blanco cree que una buena opción para hacerse con más clientes es...

 

1.  ...ofrecer descuentos a los alumnos universitarios.

2.  ...atraer a las familias del alumnado del cole más cercano.

3.  ...colaborar con las guarderías y los colegios vecinos.

7.  
i

Вы услы­ши­те ре­пор­таж два­жды. Вы­бе­ри­те пра­виль­ный ответ 1, 2 или 3.

 

 

Nina Boqueras confiesa que resulta bastante molesto que...

 

1.  ...los bares puedan llamar a cualquier hora.

2.  ...su tintorería esté lejos de la zona más concurrida.

3.  ...los bares no necesiten más servicios de tintorería.

8.  
i

Вы услы­ши­те ре­пор­таж два­жды. Вы­бе­ри­те пра­виль­ный ответ 1, 2 или 3.

 

 

Raúl Blanco declara que los establecimientos de autoservicio...

 

1.  ...cuentan con poca clientela.

2.  ...no asumen responsabilidad alguna.

3.  ...no tienen horarios fijos.

9.  
i

Вы услы­ши­те ре­пор­таж два­жды. Вы­бе­ри­те пра­виль­ный ответ 1, 2 или 3.

 

 

Según Nina Boqueras, el 20 % de la clientela perdida son personas...

 

1.  ...estaban a favor de la Ley Antitabaco.

2.  ...que solían fumar dos paquetes diarios.

3.  ...que acudían para eliminar el olor a tabaco.

10.  
i

Уста­но­ви­те со­от­вет­ствие между тек­ста­ми A–G и за­го­лов­ка­ми 1–8. За­не­си­те свои от­ве­ты в таб­ли­цу. Ис­поль­зуй­те каж­дую цифру толь­ко один раз. В за­да­нии один за­го­ло­вок лиш­ний.

 

1.  No podemos vivir sin ellas.

2.  Sirve para escuchar música.

3.  Hay respuestas para todo.

4.  Hacer la compra online.

5.  Preferencias de la juventud.

6.  Saber gestionar el tiempo.

7.  Herir sentimientos ajenos.

8.  Perjudicamos nuestra salud.

 

A. Atacar a una persona por su apariencia, personalidad, posición económica es lo que se conoce como «bullying». Cuando esta agresión se da a través de las redes sociales entre jóvenes se convierte en «cyberbullying». La existencia de redes sociales no es el problema, sino que los adolescentes exhiben su vida. Cada vez se registran en la Red alrededor de 2,7 billones de búsquedas, lo que significa que los niños tienen acceso a un sinnúmero de información, por lo que los padres deben estar alerta.

 

B. Aprender a hacer un buen uso de las redes sociales es fundamental y puede mejorar nuestra vida. Es verdad que estas herramientas también tienen aspectos muy positivos, como, por ejemplo, estar informados o poder mantener el contacto con algunas personas a las que no podemos ver habitualmente. Para hacer un uso controlado de las redes sociales es necesario ponernos unos horarios para atender tanto a las redes sociales como al email, ser capaces de olvidarnos del móvil.

 

C. Los jóvenes españoles son los que menos utilizan Facebook, que se ha convertido en la fiesta incómoda familiar que no se puede evitar. En efecto, no están allí para publicar, sino más bien para contactar con otros adolescentes, mientras que se sienten más cómodos en otro tipo de aplicaciones, como Instagram, YouTube, Whatsapp y Snapchat. En total, los jóvenes pueden tener entre seis y diez perfiles activos en Internet, todos con un propósito distinto.

 

D. A pesar de su relativa «juventud», hoy en día el uso de Internet es masivo. La así llamada «Red de Redes» ha sido útil en múltiples áreas de la actividad humana: desde los ámbitos académicos o escolares, hasta actividades científicas, profesionales, comerciales, transacciones económicas, actividades de ocio. Las principales actividades realizadas en la red tienen que ver con la búsqueda de la información: lectura de noticias, consulta de mapas o consulta de carteleras de cine.

 

E. Hoy en día resulta difícil pensar en una sociedad sin las nuevas tecnologías. La telefonía móvil, Internet y las redes sociales tienen una presencia en nuestras vidas que no podríamos imaginar hace tan solo una década. La realidad pone de manifiesto el papel que dichas herramientas han adquirido en el día a día de niños, adolescentes, jóvenes, adultos y mayores. El teléfono móvil llega al 96.1 % de los hogares españoles, mientras que el 73.4 % de las viviendas dispone de ordenador.

 

F. Los factores que impulsan a un cliente a comprar online son la recomendación de un amigo o familiar, opiniones de otros usuarios. Si una tienda online le demuestra su profesionalidad dándole una respuesta rápida, tiene muchos puntos ganados para que el siguiente paso sea una primera compra. Aunque todavía hay muchos mitos, y las noticias sobre fraudes electrónicos asustan a los compradores, lo cierto es que el comercio electrónico se está fortaleciendo en España.

 

G. Hacer un mal uso de estas nuevas tecnologías puede generarnos innumerables problemas. Por ejemplo, pueden hacernos perder la atención y descuidar otras tareas más importantes. Hay gente que no es capaz de desconectar nunca y la idea de pasar tan solo un día sin poder acceder a sus perfiles para actualizarlos o para «ponerse al día» les parece algo totalmente imposible. Estas personas pueden terminar sufriendo estados de ansiedad o tristeza.

 

ТекстABCDEFG
За­го­ло­вок
11.  
i

Про­чи­тай­те текст и за­пол­ни­те про­пус­ки A–F ча­стя­ми пред­ло­же­ний, обо­зна­чен­ны­ми циф­ра­ми 1–7. Одна из ча­стей в спис­ке 1–7  — лиш­няя. За­не­си­те цифры, обо­зна­ча­ю­щие со­от­вет­ству­ю­щие части пред­ло­же­ний, в таб­ли­цу.

Pequeños científicos

Las Olimpiadas Internacionales Científicas son competiciones mundiales en varias áreas de las ciencias que se celebran anualmente. El objetivo es promover una carrera en ciencias, presentar un desafío a A _______________________ y comparar diversos sistemas educativos de cada país. Se trata de un evento científico de naturaleza puramente educativa que consiste en exámenes de Física, Química y Biología. Aunque las pruebas están orientadas B _______________________, el estándar suele ser bastante alto. De hecho, en varios países, obtener un buen resultado en cualquiera de las Olimpiadas garantiza el acceso a la universidad de preferencia y becas.

Cada delegación nacional tiene cinco estudiantes, que son C _______________________ a nivel nacional. Los alumnos compiten de forma individual y deben someterse a intensivos exámenes teóricos y prácticos. Como recompensa, los D _______________________una medalla de oro, plata, bronce o bien recibir una mención de honor.

El equipo de Rusia consiguió cinco medallas de oro en la Olimpiada Internacional de Física E _______________________. La ministra de Educación de Rusia felicitó a los escolares y calificó sus resultados como «brillantes». «Desde los tiempos de Mijaíl Lomonósov, Rusia es uno de los países que más ha F _______________________ física como ciencia. Lo observamos en los logros de nuestros científicos y ahora en los resultados de nuestros jóvenes talentos».

 

1.  mejores universidades del mundo figuran

2.  a alumnos de educación media

3.  aportado al desarrollo de la

4.  participantes pueden obtener

5.  celebrada este año en Indonesia

6.  a su vez seleccionados en competencias

7.  los mejores estudiantes del mundo

 

Про­пускABCDEF
Часть пред­ло­же­ния
12.  
i

Про­чи­тай­те текст и вы­пол­ни­те за­да­ния 12–18. В каж­дом за­да­нии ука­жи­те цифру 1, 2, 3 или 4, со­от­вет­ству­ю­щую вы­бран­но­му вами ва­ри­ан­ту от­ве­та.

Mi padre

Entre mis recuerdos más antiguos está el del primer regreso de mi padre, una madrugada del año 67. Vivíamos en Barcelona, en la calle Vilamarí, muy cerca de la plaza de toros de Las Arenas. Hacía dos años que mi padre no daba señales de vida, y mi madre, al oír ruidos en la cerradura, creyó que eran ladrones tratando de entrar. Después de su regreso, teníamos que rehacer nuestra vida. Ahora éramos tres: una pareja joven con su hijo de cinco años. Una familia normal, aunque para mí lo normal siempre había sido que estuviéramos solos mi madre y yo. Ahora éramos tres, y el pisito de Vilamarí, en el que mi madre y yo nos organizábamos sin problemas, se quedó pequeño casi de un día para otro. Mi padre, que había llegado sin más pertenencias que las que cabían en la mochila, tenía la rara cualidad de ocuparlo todo con sus cosas. En los cajones, antes espaciosos, había que meter la ropa a presión. En el armarito del cuarto de baño había un montón de lociones y frascos de colonia. Sus revistas de cine se apilaban desordenadamente en una esquina del recibidor.

Mi madre refunfuñaba cada vez que le veía aparecer con algo. En cuestión de semanas quedó claro que en aquel piso no podríamos aguantar mucho tiempo, y los domingos por la tarde salíamos a lo que él llamaba «buscar casa». Íbamos a una calle que le gustara y nos parábamos a contemplar las fachadas en las que hubiera un letrero de «Se alquila». Las calles que le gustaban no eran precisamente modestas: Rambla de Cataluña, paseo de San Juan... Mi madre agitaba la cabeza con escepticismo: «En estas zonas jamás encontraremos un piso que entre dentro de nuestras posibilidades».

Algún domingo llegábamos hasta la avenida del Tibidabo, donde las casas eran auténticos palacios: mansiones modernistas de dos o tres pisos con frondosos jardines y entrada de carruajes. Mi padre, infatigable, asomaba la nariz por encima de los muros, anotaba los números de teléfono que figuraban en los carteles y, mientras se guardaba la agenda en el bolsillo, decía que allí no nos faltaría espacio.

Mi padre confiaba en que algún día le llegaría el golpe de suerte definitivo y cumpliría su sueño de vivir a lo grande. Podían ser fantasías, pero las expresaba con muchísima convicción. A mí no me parecía tan descabellado. ¿Cuántas veces habíamos visto en las películas que alguien pasaba en solo un instante de ser pobre a ser inmensamente rico? Si esas cosas ocurrían en las películas era porque también podían ocurrir en la realidad...

A partir de cierto momento, mi madre dejó de acompañarnos en nuestros paseos dominicales. Entonces íbamos solos él y yo. Mi padre señalaba la casa que más le gustaba y exclamaba: «¡Esa!» Ahora no conjugaba los verbos en condicional sino en futuro: no decía «pondríamos» sino «pondremos plantas en los balcones», no «pintaríamos» sino «pintaremos las paredes de blanco». Oyéndole hablar, daba la sensación de estar en posesión de todo el dinero del mundo y de que comprar o no comprar esa vivienda dependía exclusivamente de su voluntad.

Gracias a esos paseos me formé por primera vez una idea aproximada de la geografía de Barcelona. Hasta entonces mi vida había estado reducida a un territorio encerrado entre los jardines de Montjuic, unos descampados de Hostafrancs cercanos al colegio y una terraza de la calle Tarragona a la que mi madre me llevaba a tomar horchata. Lo que hubiera más allá de esos límites no me pertenecía. Esos paseos me enseñaron que la ciudad estaba compuesta por muchos barrios y que eran todos distintos. Había barrios antiguos y barrios solo viejos y barrios tan nuevos que estaban todavía a medio hacer.


El padre volvió a la familia...

 

1.  ...cuando el niño cumplió dos años.

2.  ...cuando cumplió sesenta y siete años.

3.  ...junto con el hijo mayor de cinco años.

4.  ...después de dos años de ausencia.

13.  
i

Про­чи­тай­те текст и вы­пол­ни­те за­да­ния 12–18. В каж­дом за­да­нии ука­жи­те цифру 1, 2, 3 или 4, со­от­вет­ству­ю­щую вы­бран­но­му вами ва­ри­ан­ту от­ве­та.

Mi padre

Entre mis recuerdos más antiguos está el del primer regreso de mi padre, una madrugada del año 67. Vivíamos en Barcelona, en la calle Vilamarí, muy cerca de la plaza de toros de Las Arenas. Hacía dos años que mi padre no daba señales de vida, y mi madre, al oír ruidos en la cerradura, creyó que eran ladrones tratando de entrar. Después de su regreso, teníamos que rehacer nuestra vida. Ahora éramos tres: una pareja joven con su hijo de cinco años. Una familia normal, aunque para mí lo normal siempre había sido que estuviéramos solos mi madre y yo. Ahora éramos tres, y el pisito de Vilamarí, en el que mi madre y yo nos organizábamos sin problemas, se quedó pequeño casi de un día para otro. Mi padre, que había llegado sin más pertenencias que las que cabían en la mochila, tenía la rara cualidad de ocuparlo todo con sus cosas. En los cajones, antes espaciosos, había que meter la ropa a presión. En el armarito del cuarto de baño había un montón de lociones y frascos de colonia. Sus revistas de cine se apilaban desordenadamente en una esquina del recibidor.

Mi madre refunfuñaba cada vez que le veía aparecer con algo. En cuestión de semanas quedó claro que en aquel piso no podríamos aguantar mucho tiempo, y los domingos por la tarde salíamos a lo que él llamaba «buscar casa». Íbamos a una calle que le gustara y nos parábamos a contemplar las fachadas en las que hubiera un letrero de «Se alquila». Las calles que le gustaban no eran precisamente modestas: Rambla de Cataluña, paseo de San Juan... Mi madre agitaba la cabeza con escepticismo: «En estas zonas jamás encontraremos un piso que entre dentro de nuestras posibilidades».

Algún domingo llegábamos hasta la avenida del Tibidabo, donde las casas eran auténticos palacios: mansiones modernistas de dos o tres pisos con frondosos jardines y entrada de carruajes. Mi padre, infatigable, asomaba la nariz por encima de los muros, anotaba los números de teléfono que figuraban en los carteles y, mientras se guardaba la agenda en el bolsillo, decía que allí no nos faltaría espacio.

Mi padre confiaba en que algún día le llegaría el golpe de suerte definitivo y cumpliría su sueño de vivir a lo grande. Podían ser fantasías, pero las expresaba con muchísima convicción. A mí no me parecía tan descabellado. ¿Cuántas veces habíamos visto en las películas que alguien pasaba en solo un instante de ser pobre a ser inmensamente rico? Si esas cosas ocurrían en las películas era porque también podían ocurrir en la realidad...

A partir de cierto momento, mi madre dejó de acompañarnos en nuestros paseos dominicales. Entonces íbamos solos él y yo. Mi padre señalaba la casa que más le gustaba y exclamaba: «¡Esa!» Ahora no conjugaba los verbos en condicional sino en futuro: no decía «pondríamos» sino «pondremos plantas en los balcones», no «pintaríamos» sino «pintaremos las paredes de blanco». Oyéndole hablar, daba la sensación de estar en posesión de todo el dinero del mundo y de que comprar o no comprar esa vivienda dependía exclusivamente de su voluntad.

Gracias a esos paseos me formé por primera vez una idea aproximada de la geografía de Barcelona. Hasta entonces mi vida había estado reducida a un territorio encerrado entre los jardines de Montjuic, unos descampados de Hostafrancs cercanos al colegio y una terraza de la calle Tarragona a la que mi madre me llevaba a tomar horchata. Lo que hubiera más allá de esos límites no me pertenecía. Esos paseos me enseñaron que la ciudad estaba compuesta por muchos barrios y que eran todos distintos. Había barrios antiguos y barrios solo viejos y barrios tan nuevos que estaban todavía a medio hacer.


¿Por qué la familia empezó a buscar una casa nueva?

 

1.  El alquiler resultaba elevado y no podían permitírselo.

2.  No les gustaban los muebles, sobre todo los armarios.

3.  Lo tenían planeado el niño y la madre desde hacía tiempo.

4.  No había suficiente espacio para todas las cosas que tenían.

14.  
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Mi padre

Entre mis recuerdos más antiguos está el del primer regreso de mi padre, una madrugada del año 67. Vivíamos en Barcelona, en la calle Vilamarí, muy cerca de la plaza de toros de Las Arenas. Hacía dos años que mi padre no daba señales de vida, y mi madre, al oír ruidos en la cerradura, creyó que eran ladrones tratando de entrar. Después de su regreso, teníamos que rehacer nuestra vida. Ahora éramos tres: una pareja joven con su hijo de cinco años. Una familia normal, aunque para mí lo normal siempre había sido que estuviéramos solos mi madre y yo. Ahora éramos tres, y el pisito de Vilamarí, en el que mi madre y yo nos organizábamos sin problemas, se quedó pequeño casi de un día para otro. Mi padre, que había llegado sin más pertenencias que las que cabían en la mochila, tenía la rara cualidad de ocuparlo todo con sus cosas. En los cajones, antes espaciosos, había que meter la ropa a presión. En el armarito del cuarto de baño había un montón de lociones y frascos de colonia. Sus revistas de cine se apilaban desordenadamente en una esquina del recibidor.

Mi madre refunfuñaba cada vez que le veía aparecer con algo. En cuestión de semanas quedó claro que en aquel piso no podríamos aguantar mucho tiempo, y los domingos por la tarde salíamos a lo que él llamaba «buscar casa». Íbamos a una calle que le gustara y nos parábamos a contemplar las fachadas en las que hubiera un letrero de «Se alquila». Las calles que le gustaban no eran precisamente modestas: Rambla de Cataluña, paseo de San Juan... Mi madre agitaba la cabeza con escepticismo: «En estas zonas jamás encontraremos un piso que entre dentro de nuestras posibilidades».

Algún domingo llegábamos hasta la avenida del Tibidabo, donde las casas eran auténticos palacios: mansiones modernistas de dos o tres pisos con frondosos jardines y entrada de carruajes. Mi padre, infatigable, asomaba la nariz por encima de los muros, anotaba los números de teléfono que figuraban en los carteles y, mientras se guardaba la agenda en el bolsillo, decía que allí no nos faltaría espacio.

Mi padre confiaba en que algún día le llegaría el golpe de suerte definitivo y cumpliría su sueño de vivir a lo grande. Podían ser fantasías, pero las expresaba con muchísima convicción. A mí no me parecía tan descabellado. ¿Cuántas veces habíamos visto en las películas que alguien pasaba en solo un instante de ser pobre a ser inmensamente rico? Si esas cosas ocurrían en las películas era porque también podían ocurrir en la realidad...

A partir de cierto momento, mi madre dejó de acompañarnos en nuestros paseos dominicales. Entonces íbamos solos él y yo. Mi padre señalaba la casa que más le gustaba y exclamaba: «¡Esa!» Ahora no conjugaba los verbos en condicional sino en futuro: no decía «pondríamos» sino «pondremos plantas en los balcones», no «pintaríamos» sino «pintaremos las paredes de blanco». Oyéndole hablar, daba la sensación de estar en posesión de todo el dinero del mundo y de que comprar o no comprar esa vivienda dependía exclusivamente de su voluntad.

Gracias a esos paseos me formé por primera vez una idea aproximada de la geografía de Barcelona. Hasta entonces mi vida había estado reducida a un territorio encerrado entre los jardines de Montjuic, unos descampados de Hostafrancs cercanos al colegio y una terraza de la calle Tarragona a la que mi madre me llevaba a tomar horchata. Lo que hubiera más allá de esos límites no me pertenecía. Esos paseos me enseñaron que la ciudad estaba compuesta por muchos barrios y que eran todos distintos. Había barrios antiguos y barrios solo viejos y barrios tan nuevos que estaban todavía a medio hacer.


¿Qué opinaba la madre de las viviendas que le gustaban al padre?

 

1.  Sus precios eran aceptables pero la situación geográfica no lo era.

2.  Le parecía imposible encontrar un piso a un precio asequible.

3.  Se lamentaba de que no se alquilara ninguna de esas casas.

4.  Algunas calles le parecían demasiado alejadas del trabajo del padre.

15.  
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Mi padre

Entre mis recuerdos más antiguos está el del primer regreso de mi padre, una madrugada del año 67. Vivíamos en Barcelona, en la calle Vilamarí, muy cerca de la plaza de toros de Las Arenas. Hacía dos años que mi padre no daba señales de vida, y mi madre, al oír ruidos en la cerradura, creyó que eran ladrones tratando de entrar. Después de su regreso, teníamos que rehacer nuestra vida. Ahora éramos tres: una pareja joven con su hijo de cinco años. Una familia normal, aunque para mí lo normal siempre había sido que estuviéramos solos mi madre y yo. Ahora éramos tres, y el pisito de Vilamarí, en el que mi madre y yo nos organizábamos sin problemas, se quedó pequeño casi de un día para otro. Mi padre, que había llegado sin más pertenencias que las que cabían en la mochila, tenía la rara cualidad de ocuparlo todo con sus cosas. En los cajones, antes espaciosos, había que meter la ropa a presión. En el armarito del cuarto de baño había un montón de lociones y frascos de colonia. Sus revistas de cine se apilaban desordenadamente en una esquina del recibidor.

Mi madre refunfuñaba cada vez que le veía aparecer con algo. En cuestión de semanas quedó claro que en aquel piso no podríamos aguantar mucho tiempo, y los domingos por la tarde salíamos a lo que él llamaba «buscar casa». Íbamos a una calle que le gustara y nos parábamos a contemplar las fachadas en las que hubiera un letrero de «Se alquila». Las calles que le gustaban no eran precisamente modestas: Rambla de Cataluña, paseo de San Juan... Mi madre agitaba la cabeza con escepticismo: «En estas zonas jamás encontraremos un piso que entre dentro de nuestras posibilidades».

Algún domingo llegábamos hasta la avenida del Tibidabo, donde las casas eran auténticos palacios: mansiones modernistas de dos o tres pisos con frondosos jardines y entrada de carruajes. Mi padre, infatigable, asomaba la nariz por encima de los muros, anotaba los números de teléfono que figuraban en los carteles y, mientras se guardaba la agenda en el bolsillo, decía que allí no nos faltaría espacio.

Mi padre confiaba en que algún día le llegaría el golpe de suerte definitivo y cumpliría su sueño de vivir a lo grande. Podían ser fantasías, pero las expresaba con muchísima convicción. A mí no me parecía tan descabellado. ¿Cuántas veces habíamos visto en las películas que alguien pasaba en solo un instante de ser pobre a ser inmensamente rico? Si esas cosas ocurrían en las películas era porque también podían ocurrir en la realidad...

A partir de cierto momento, mi madre dejó de acompañarnos en nuestros paseos dominicales. Entonces íbamos solos él y yo. Mi padre señalaba la casa que más le gustaba y exclamaba: «¡Esa!» Ahora no conjugaba los verbos en condicional sino en futuro: no decía «pondríamos» sino «pondremos plantas en los balcones», no «pintaríamos» sino «pintaremos las paredes de blanco». Oyéndole hablar, daba la sensación de estar en posesión de todo el dinero del mundo y de que comprar o no comprar esa vivienda dependía exclusivamente de su voluntad.

Gracias a esos paseos me formé por primera vez una idea aproximada de la geografía de Barcelona. Hasta entonces mi vida había estado reducida a un territorio encerrado entre los jardines de Montjuic, unos descampados de Hostafrancs cercanos al colegio y una terraza de la calle Tarragona a la que mi madre me llevaba a tomar horchata. Lo que hubiera más allá de esos límites no me pertenecía. Esos paseos me enseñaron que la ciudad estaba compuesta por muchos barrios y que eran todos distintos. Había barrios antiguos y barrios solo viejos y barrios tan nuevos que estaban todavía a medio hacer.


¿Cómo se comportaba el padre en sus paseos dominicales?

 

1.  Sin cesar apuntaba los datos sobre las casas más espaciosas.

2.  Hablaba con los dueños de las casas y prometía llamarlos.

3.  Se avergonzaba de su situación económica desfavorable.

4.  Decía que le quedaba poco tiempo para ver todas esas casas.

16.  
i

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Mi padre

Entre mis recuerdos más antiguos está el del primer regreso de mi padre, una madrugada del año 67. Vivíamos en Barcelona, en la calle Vilamarí, muy cerca de la plaza de toros de Las Arenas. Hacía dos años que mi padre no daba señales de vida, y mi madre, al oír ruidos en la cerradura, creyó que eran ladrones tratando de entrar. Después de su regreso, teníamos que rehacer nuestra vida. Ahora éramos tres: una pareja joven con su hijo de cinco años. Una familia normal, aunque para mí lo normal siempre había sido que estuviéramos solos mi madre y yo. Ahora éramos tres, y el pisito de Vilamarí, en el que mi madre y yo nos organizábamos sin problemas, se quedó pequeño casi de un día para otro. Mi padre, que había llegado sin más pertenencias que las que cabían en la mochila, tenía la rara cualidad de ocuparlo todo con sus cosas. En los cajones, antes espaciosos, había que meter la ropa a presión. En el armarito del cuarto de baño había un montón de lociones y frascos de colonia. Sus revistas de cine se apilaban desordenadamente en una esquina del recibidor.

Mi madre refunfuñaba cada vez que le veía aparecer con algo. En cuestión de semanas quedó claro que en aquel piso no podríamos aguantar mucho tiempo, y los domingos por la tarde salíamos a lo que él llamaba «buscar casa». Íbamos a una calle que le gustara y nos parábamos a contemplar las fachadas en las que hubiera un letrero de «Se alquila». Las calles que le gustaban no eran precisamente modestas: Rambla de Cataluña, paseo de San Juan... Mi madre agitaba la cabeza con escepticismo: «En estas zonas jamás encontraremos un piso que entre dentro de nuestras posibilidades».

Algún domingo llegábamos hasta la avenida del Tibidabo, donde las casas eran auténticos palacios: mansiones modernistas de dos o tres pisos con frondosos jardines y entrada de carruajes. Mi padre, infatigable, asomaba la nariz por encima de los muros, anotaba los números de teléfono que figuraban en los carteles y, mientras se guardaba la agenda en el bolsillo, decía que allí no nos faltaría espacio.

Mi padre confiaba en que algún día le llegaría el golpe de suerte definitivo y cumpliría su sueño de vivir a lo grande. Podían ser fantasías, pero las expresaba con muchísima convicción. A mí no me parecía tan descabellado. ¿Cuántas veces habíamos visto en las películas que alguien pasaba en solo un instante de ser pobre a ser inmensamente rico? Si esas cosas ocurrían en las películas era porque también podían ocurrir en la realidad...

A partir de cierto momento, mi madre dejó de acompañarnos en nuestros paseos dominicales. Entonces íbamos solos él y yo. Mi padre señalaba la casa que más le gustaba y exclamaba: «¡Esa!» Ahora no conjugaba los verbos en condicional sino en futuro: no decía «pondríamos» sino «pondremos plantas en los balcones», no «pintaríamos» sino «pintaremos las paredes de blanco». Oyéndole hablar, daba la sensación de estar en posesión de todo el dinero del mundo y de que comprar o no comprar esa vivienda dependía exclusivamente de su voluntad.

Gracias a esos paseos me formé por primera vez una idea aproximada de la geografía de Barcelona. Hasta entonces mi vida había estado reducida a un territorio encerrado entre los jardines de Montjuic, unos descampados de Hostafrancs cercanos al colegio y una terraza de la calle Tarragona a la que mi madre me llevaba a tomar horchata. Lo que hubiera más allá de esos límites no me pertenecía. Esos paseos me enseñaron que la ciudad estaba compuesta por muchos barrios y que eran todos distintos. Había barrios antiguos y barrios solo viejos y barrios tan nuevos que estaban todavía a medio hacer.


La frase «vivir a lo grande» en el quinto párrafo del texto significa que el padre soñaba con...

 

1.  ...tener muchos hijos.

2.  ...poseer una fortuna.

3.  ...comprar un chalé.

4.  ...poder independizarse.

17.  
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Mi padre

Entre mis recuerdos más antiguos está el del primer regreso de mi padre, una madrugada del año 67. Vivíamos en Barcelona, en la calle Vilamarí, muy cerca de la plaza de toros de Las Arenas. Hacía dos años que mi padre no daba señales de vida, y mi madre, al oír ruidos en la cerradura, creyó que eran ladrones tratando de entrar. Después de su regreso, teníamos que rehacer nuestra vida. Ahora éramos tres: una pareja joven con su hijo de cinco años. Una familia normal, aunque para mí lo normal siempre había sido que estuviéramos solos mi madre y yo. Ahora éramos tres, y el pisito de Vilamarí, en el que mi madre y yo nos organizábamos sin problemas, se quedó pequeño casi de un día para otro. Mi padre, que había llegado sin más pertenencias que las que cabían en la mochila, tenía la rara cualidad de ocuparlo todo con sus cosas. En los cajones, antes espaciosos, había que meter la ropa a presión. En el armarito del cuarto de baño había un montón de lociones y frascos de colonia. Sus revistas de cine se apilaban desordenadamente en una esquina del recibidor.

Mi madre refunfuñaba cada vez que le veía aparecer con algo. En cuestión de semanas quedó claro que en aquel piso no podríamos aguantar mucho tiempo, y los domingos por la tarde salíamos a lo que él llamaba «buscar casa». Íbamos a una calle que le gustara y nos parábamos a contemplar las fachadas en las que hubiera un letrero de «Se alquila». Las calles que le gustaban no eran precisamente modestas: Rambla de Cataluña, paseo de San Juan... Mi madre agitaba la cabeza con escepticismo: «En estas zonas jamás encontraremos un piso que entre dentro de nuestras posibilidades».

Algún domingo llegábamos hasta la avenida del Tibidabo, donde las casas eran auténticos palacios: mansiones modernistas de dos o tres pisos con frondosos jardines y entrada de carruajes. Mi padre, infatigable, asomaba la nariz por encima de los muros, anotaba los números de teléfono que figuraban en los carteles y, mientras se guardaba la agenda en el bolsillo, decía que allí no nos faltaría espacio.

Mi padre confiaba en que algún día le llegaría el golpe de suerte definitivo y cumpliría su sueño de vivir a lo grande. Podían ser fantasías, pero las expresaba con muchísima convicción. A mí no me parecía tan descabellado. ¿Cuántas veces habíamos visto en las películas que alguien pasaba en solo un instante de ser pobre a ser inmensamente rico? Si esas cosas ocurrían en las películas era porque también podían ocurrir en la realidad...

A partir de cierto momento, mi madre dejó de acompañarnos en nuestros paseos dominicales. Entonces íbamos solos él y yo. Mi padre señalaba la casa que más le gustaba y exclamaba: «¡Esa!» Ahora no conjugaba los verbos en condicional sino en futuro: no decía «pondríamos» sino «pondremos plantas en los balcones», no «pintaríamos» sino «pintaremos las paredes de blanco». Oyéndole hablar, daba la sensación de estar en posesión de todo el dinero del mundo y de que comprar o no comprar esa vivienda dependía exclusivamente de su voluntad.

Gracias a esos paseos me formé por primera vez una idea aproximada de la geografía de Barcelona. Hasta entonces mi vida había estado reducida a un territorio encerrado entre los jardines de Montjuic, unos descampados de Hostafrancs cercanos al colegio y una terraza de la calle Tarragona a la que mi madre me llevaba a tomar horchata. Lo que hubiera más allá de esos límites no me pertenecía. Esos paseos me enseñaron que la ciudad estaba compuesta por muchos barrios y que eran todos distintos. Había barrios antiguos y barrios solo viejos y barrios tan nuevos que estaban todavía a medio hacer.


Cuando el padre observaba las casas con su hijo y describía su vida futura...

 

1.  ...lamentaba no poder permitírselo nunca.

2.  ...cometía muchos errores gramaticales.

3.  ...hablaba como si fuera rico en realidad.

4.  ...no era capaz de contener su indignación.

18.  
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Mi padre

Entre mis recuerdos más antiguos está el del primer regreso de mi padre, una madrugada del año 67. Vivíamos en Barcelona, en la calle Vilamarí, muy cerca de la plaza de toros de Las Arenas. Hacía dos años que mi padre no daba señales de vida, y mi madre, al oír ruidos en la cerradura, creyó que eran ladrones tratando de entrar. Después de su regreso, teníamos que rehacer nuestra vida. Ahora éramos tres: una pareja joven con su hijo de cinco años. Una familia normal, aunque para mí lo normal siempre había sido que estuviéramos solos mi madre y yo. Ahora éramos tres, y el pisito de Vilamarí, en el que mi madre y yo nos organizábamos sin problemas, se quedó pequeño casi de un día para otro. Mi padre, que había llegado sin más pertenencias que las que cabían en la mochila, tenía la rara cualidad de ocuparlo todo con sus cosas. En los cajones, antes espaciosos, había que meter la ropa a presión. En el armarito del cuarto de baño había un montón de lociones y frascos de colonia. Sus revistas de cine se apilaban desordenadamente en una esquina del recibidor.

Mi madre refunfuñaba cada vez que le veía aparecer con algo. En cuestión de semanas quedó claro que en aquel piso no podríamos aguantar mucho tiempo, y los domingos por la tarde salíamos a lo que él llamaba «buscar casa». Íbamos a una calle que le gustara y nos parábamos a contemplar las fachadas en las que hubiera un letrero de «Se alquila». Las calles que le gustaban no eran precisamente modestas: Rambla de Cataluña, paseo de San Juan... Mi madre agitaba la cabeza con escepticismo: «En estas zonas jamás encontraremos un piso que entre dentro de nuestras posibilidades».

Algún domingo llegábamos hasta la avenida del Tibidabo, donde las casas eran auténticos palacios: mansiones modernistas de dos o tres pisos con frondosos jardines y entrada de carruajes. Mi padre, infatigable, asomaba la nariz por encima de los muros, anotaba los números de teléfono que figuraban en los carteles y, mientras se guardaba la agenda en el bolsillo, decía que allí no nos faltaría espacio.

Mi padre confiaba en que algún día le llegaría el golpe de suerte definitivo y cumpliría su sueño de vivir a lo grande. Podían ser fantasías, pero las expresaba con muchísima convicción. A mí no me parecía tan descabellado. ¿Cuántas veces habíamos visto en las películas que alguien pasaba en solo un instante de ser pobre a ser inmensamente rico? Si esas cosas ocurrían en las películas era porque también podían ocurrir en la realidad...

A partir de cierto momento, mi madre dejó de acompañarnos en nuestros paseos dominicales. Entonces íbamos solos él y yo. Mi padre señalaba la casa que más le gustaba y exclamaba: «¡Esa!» Ahora no conjugaba los verbos en condicional sino en futuro: no decía «pondríamos» sino «pondremos plantas en los balcones», no «pintaríamos» sino «pintaremos las paredes de blanco». Oyéndole hablar, daba la sensación de estar en posesión de todo el dinero del mundo y de que comprar o no comprar esa vivienda dependía exclusivamente de su voluntad.

Gracias a esos paseos me formé por primera vez una idea aproximada de la geografía de Barcelona. Hasta entonces mi vida había estado reducida a un territorio encerrado entre los jardines de Montjuic, unos descampados de Hostafrancs cercanos al colegio y una terraza de la calle Tarragona a la que mi madre me llevaba a tomar horchata. Lo que hubiera más allá de esos límites no me pertenecía. Esos paseos me enseñaron que la ciudad estaba compuesta por muchos barrios y que eran todos distintos. Había barrios antiguos y barrios solo viejos y barrios tan nuevos que estaban todavía a medio hacer.


Los paseos dominicales con el padre le permitieron al hijo...

 

1.  ...conocer mejor la ciudad natal.

2.  ...aprender el camino a su colegio.

3.  ...sacar buenas notas en Geografía.

4.  ...encontrar nuevos espacios de ocio.

19.  
i

Пре­об­ра­зуй­те, если это не­об­хо­ди­мо, слово QUEDAR так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

EL COCODRILO CASTIGADO

Érase un cocodrilo que hablaba y hablaba sin cesar y tenía hartos a todos sus vecinos del río.

—  Si te callas de una vez, te __________________ muy agradecidos,  —  le dijo la serpiente, ágil y burlona.

20.  
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Пре­об­ра­зуй­те, если это не­об­хо­ди­мо, слово DEJARNOS так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

 

—  __________________ descansar y guarda para ti los chismes y cuentos.

—  ¡Jamás!  —  replicó el cocodrilo.

21.  
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Пре­об­ра­зуй­те, если это не­об­хо­ди­мо, слово HACER так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

 

Entonces la serpiente saltó sobre él, se enrolló tres veces en sus mandíbulas y se __________________ un nudo. Así permaneció todo el día para alivio de los habitantes del río y sus alrededores.

22.  
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Пре­об­ра­зуй­те, если это не­об­хо­ди­мо, слово ATEMORIZAR так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

EL ANIMAL MÁS ALEGRE

Un granjero tenía un enorme corral. Allí se mezclaban gallinas y pollos, gallos, conejos, pavos, palomas y patos. En el establo se agrupaban bueyes y caballos, a los cuales les __________________ cierto perro gruñón.

23.  
i

Пре­об­ра­зуй­те, если это не­об­хо­ди­мо, слово VER так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

 

Un forastero le preguntó un día a su dueño:

—  Hoy __________________ todos tus animales. Dime, amigo, ¿cuál es el más alegre?

24.  
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Пре­об­ра­зуй­те, если это не­об­хо­ди­мо, слово UNO так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

 

—  El gallo,  —  el campesino respondió lo __________________ que se le ocurrió.

25.  
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Пре­об­ра­зуй­те, если это не­об­хо­ди­мо, слово SER так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

 

El gallo y la alegría juntos __________________ la misma cosa. Es alegre cuando nace el día y sale el sol. Salta, lucha y bromea sin dejar de cantar, feliz y contento.

26.  
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Об­ра­зуй­те от слова SOÑAR од­но­ко­рен­ное слово так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

AZZOLINO Y SU TROVADOR

Hace muchísimos años, vivió un castellano bastante tirano llamado Azzolino. Había contratado a un trovador, llamado Marco, al cual le exigía que le contase cuentos y cantase canciones hasta altas horas de la noche, y el pobre trovador no podía vencer el __________________.

27.  
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Об­ра­зуй­те от слова LABRAR од­но­ко­рен­ное слово так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

 

Una noche, Marco empezó a contar a su señor la historia de un rico __________________ que tenía cien monedas de oro, con las cuales fue a la feria a comprar ganado.

28.  
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Об­ра­зуй­те от слова NÚMERO од­но­ко­рен­ное слово так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

 

Al regresar con el __________________ rebaño, se encontró con que el río, muy crecido por las lluvias caídas durante la tarde, le cortaba el camino. Por suerte, halló a un pescador que le ofreció su ayuda.

29.  
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Об­ра­зуй­те от слова EMBARCAR од­но­ко­рен­ное слово так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

 

Pero en la diminuta __________________ no cabían sino el pescador y una de las ovejas. De común acuerdo, decidieron pasar las ovejas de una en una.

30.  
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Об­ра­зуй­те от слова BRUSCO од­но­ко­рен­ное слово так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

 

Al llegar a este punto de la historia, el trovador se quedó dormido.

—  ¡Sigue!  — gritó Azzolino, despertándole __________________.

31.  
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Об­ра­зуй­те от слова PONER од­но­ко­рен­ное слово так, чтобы оно грам­ма­ти­че­ски со­от­вет­ство­ва­ло со­дер­жа­нию тек­ста.

 

— Señor, dejaremos pasar las ovejas y luego proseguiré con el cuento,  — se atrevió a __________________ el trovador. Y como las ovejas eran muchas y los viajes tan lentos, tuvo suficiente tiempo para dormir.

32.  
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Precursora del libro electrónico

El 28 de marzo Google celebra el 121 aniversario del nacimiento de Ángela Ruiz Robles, la inventora del libro mecánico. Este artilugio nacido en la década de los 60, antepasado 30 ______ del libro electrónico, nació de la mente de una mujer que trabajó toda su vida como profesora y que daba clases a los niños de una aldea cercana a Ferrol, Galicia.

A Ángela Ruiz Robles se le 31 ______ como doña Angelita. En 1949 patentó un primer libro mecánico que desplegaba los temas y los ampliaba con otros relacionados a través de un sistema de resortes que funcionaban con aire comprimido.

La idea de Ruiz Robles era conseguir que 32 ______ lo que sus alumnos necesitaran estuviera contenido en un solo tomo. Aunque no llegó a 33 ______ su meta al 100 %, sí pudo presumir de convertir su patente inicial en un prototipo que constaba de un maletín metálico del tamaño de un libro grueso. Dentro, el soporte para los carretes que se habían escrito 34 ______ mano con cuidada caligrafía, de materias tan diversas como lengua, matemáticas o inglés.

Aunque su aparato hubiera ahorrado graves problemas de espalda a sus alumnos e importantes sumas de dinero a sus padres, el 35 ______ nunca llegó a las aulas. Sus visitas periódicas al Ministerio de Educación no dieron 36 ______ y doña Angelita murió en 1975 sin ver materializada su idea. Años más tarde, el ebook conquistó a las editoriales y hoy en día es un instrumento muy utilizado por los lectores.


Вставь­те про­пу­щен­ное слово.

 

1.  Imposible.

2.  Lejano.

3.  Aislado.

4.  Separado.

33.  
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Precursora del libro electrónico

El 28 de marzo Google celebra el 121 aniversario del nacimiento de Ángela Ruiz Robles, la inventora del libro mecánico. Este artilugio nacido en la década de los 60, antepasado 30 ______ del libro electrónico, nació de la mente de una mujer que trabajó toda su vida como profesora y que daba clases a los niños de una aldea cercana a Ferrol, Galicia.

A Ángela Ruiz Robles se le 31 ______ como doña Angelita. En 1949 patentó un primer libro mecánico que desplegaba los temas y los ampliaba con otros relacionados a través de un sistema de resortes que funcionaban con aire comprimido.

La idea de Ruiz Robles era conseguir que 32 ______ lo que sus alumnos necesitaran estuviera contenido en un solo tomo. Aunque no llegó a 33 ______ su meta al 100 %, sí pudo presumir de convertir su patente inicial en un prototipo que constaba de un maletín metálico del tamaño de un libro grueso. Dentro, el soporte para los carretes que se habían escrito 34 ______ mano con cuidada caligrafía, de materias tan diversas como lengua, matemáticas o inglés.

Aunque su aparato hubiera ahorrado graves problemas de espalda a sus alumnos e importantes sumas de dinero a sus padres, el 35 ______ nunca llegó a las aulas. Sus visitas periódicas al Ministerio de Educación no dieron 36 ______ y doña Angelita murió en 1975 sin ver materializada su idea. Años más tarde, el ebook conquistó a las editoriales y hoy en día es un instrumento muy utilizado por los lectores.


Вставь­те про­пу­щен­ное слово.

 

1.  Nota.

2.  Percata.

3.  Sabe.

4.  Conoce.

34.  
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Precursora del libro electrónico

El 28 de marzo Google celebra el 121 aniversario del nacimiento de Ángela Ruiz Robles, la inventora del libro mecánico. Este artilugio nacido en la década de los 60, antepasado 30 ______ del libro electrónico, nació de la mente de una mujer que trabajó toda su vida como profesora y que daba clases a los niños de una aldea cercana a Ferrol, Galicia.

A Ángela Ruiz Robles se le 31 ______ como doña Angelita. En 1949 patentó un primer libro mecánico que desplegaba los temas y los ampliaba con otros relacionados a través de un sistema de resortes que funcionaban con aire comprimido.

La idea de Ruiz Robles era conseguir que 32 ______ lo que sus alumnos necesitaran estuviera contenido en un solo tomo. Aunque no llegó a 33 ______ su meta al 100 %, sí pudo presumir de convertir su patente inicial en un prototipo que constaba de un maletín metálico del tamaño de un libro grueso. Dentro, el soporte para los carretes que se habían escrito 34 ______ mano con cuidada caligrafía, de materias tan diversas como lengua, matemáticas o inglés.

Aunque su aparato hubiera ahorrado graves problemas de espalda a sus alumnos e importantes sumas de dinero a sus padres, el 35 ______ nunca llegó a las aulas. Sus visitas periódicas al Ministerio de Educación no dieron 36 ______ y doña Angelita murió en 1975 sin ver materializada su idea. Años más tarde, el ebook conquistó a las editoriales y hoy en día es un instrumento muy utilizado por los lectores.


Вставь­те про­пу­щен­ное слово.

 

1.  Nada.

2.  Poco.

3.  Todo.

4.  Mucho.

35.  
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Precursora del libro electrónico

El 28 de marzo Google celebra el 121 aniversario del nacimiento de Ángela Ruiz Robles, la inventora del libro mecánico. Este artilugio nacido en la década de los 60, antepasado 30 ______ del libro electrónico, nació de la mente de una mujer que trabajó toda su vida como profesora y que daba clases a los niños de una aldea cercana a Ferrol, Galicia.

A Ángela Ruiz Robles se le 31 ______ como doña Angelita. En 1949 patentó un primer libro mecánico que desplegaba los temas y los ampliaba con otros relacionados a través de un sistema de resortes que funcionaban con aire comprimido.

La idea de Ruiz Robles era conseguir que 32 ______ lo que sus alumnos necesitaran estuviera contenido en un solo tomo. Aunque no llegó a 33 ______ su meta al 100 %, sí pudo presumir de convertir su patente inicial en un prototipo que constaba de un maletín metálico del tamaño de un libro grueso. Dentro, el soporte para los carretes que se habían escrito 34 ______ mano con cuidada caligrafía, de materias tan diversas como lengua, matemáticas o inglés.

Aunque su aparato hubiera ahorrado graves problemas de espalda a sus alumnos e importantes sumas de dinero a sus padres, el 35 ______ nunca llegó a las aulas. Sus visitas periódicas al Ministerio de Educación no dieron 36 ______ y doña Angelita murió en 1975 sin ver materializada su idea. Años más tarde, el ebook conquistó a las editoriales y hoy en día es un instrumento muy utilizado por los lectores.


Вставь­те про­пу­щен­ное слово.

 

1.  Atrapar.

2.  Adquirir.

3.  Lograr.

4.  Pescar.

36.  
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Precursora del libro electrónico

El 28 de marzo Google celebra el 121 aniversario del nacimiento de Ángela Ruiz Robles, la inventora del libro mecánico. Este artilugio nacido en la década de los 60, antepasado 30 ______ del libro electrónico, nació de la mente de una mujer que trabajó toda su vida como profesora y que daba clases a los niños de una aldea cercana a Ferrol, Galicia.

A Ángela Ruiz Robles se le 31 ______ como doña Angelita. En 1949 patentó un primer libro mecánico que desplegaba los temas y los ampliaba con otros relacionados a través de un sistema de resortes que funcionaban con aire comprimido.

La idea de Ruiz Robles era conseguir que 32 ______ lo que sus alumnos necesitaran estuviera contenido en un solo tomo. Aunque no llegó a 33 ______ su meta al 100 %, sí pudo presumir de convertir su patente inicial en un prototipo que constaba de un maletín metálico del tamaño de un libro grueso. Dentro, el soporte para los carretes que se habían escrito 34 ______ mano con cuidada caligrafía, de materias tan diversas como lengua, matemáticas o inglés.

Aunque su aparato hubiera ahorrado graves problemas de espalda a sus alumnos e importantes sumas de dinero a sus padres, el 35 ______ nunca llegó a las aulas. Sus visitas periódicas al Ministerio de Educación no dieron 36 ______ y doña Angelita murió en 1975 sin ver materializada su idea. Años más tarde, el ebook conquistó a las editoriales y hoy en día es un instrumento muy utilizado por los lectores.


Вставь­те про­пу­щен­ное слово.

 

1.  A.

2.  De.

3.  En.

4.  Con.

37.  
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Precursora del libro electrónico

El 28 de marzo Google celebra el 121 aniversario del nacimiento de Ángela Ruiz Robles, la inventora del libro mecánico. Este artilugio nacido en la década de los 60, antepasado 30 ______ del libro electrónico, nació de la mente de una mujer que trabajó toda su vida como profesora y que daba clases a los niños de una aldea cercana a Ferrol, Galicia.

A Ángela Ruiz Robles se le 31 ______ como doña Angelita. En 1949 patentó un primer libro mecánico que desplegaba los temas y los ampliaba con otros relacionados a través de un sistema de resortes que funcionaban con aire comprimido.

La idea de Ruiz Robles era conseguir que 32 ______ lo que sus alumnos necesitaran estuviera contenido en un solo tomo. Aunque no llegó a 33 ______ su meta al 100 %, sí pudo presumir de convertir su patente inicial en un prototipo que constaba de un maletín metálico del tamaño de un libro grueso. Dentro, el soporte para los carretes que se habían escrito 34 ______ mano con cuidada caligrafía, de materias tan diversas como lengua, matemáticas o inglés.

Aunque su aparato hubiera ahorrado graves problemas de espalda a sus alumnos e importantes sumas de dinero a sus padres, el 35 ______ nunca llegó a las aulas. Sus visitas periódicas al Ministerio de Educación no dieron 36 ______ y doña Angelita murió en 1975 sin ver materializada su idea. Años más tarde, el ebook conquistó a las editoriales y hoy en día es un instrumento muy utilizado por los lectores.


Вставь­те про­пу­щен­ное слово.

 

1.  Invento.

2.  Hallazgo.

3.  Solución.

4.  Creación.

38.  
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Precursora del libro electrónico

El 28 de marzo Google celebra el 121 aniversario del nacimiento de Ángela Ruiz Robles, la inventora del libro mecánico. Este artilugio nacido en la década de los 60, antepasado 30 ______ del libro electrónico, nació de la mente de una mujer que trabajó toda su vida como profesora y que daba clases a los niños de una aldea cercana a Ferrol, Galicia.

A Ángela Ruiz Robles se le 31 ______ como doña Angelita. En 1949 patentó un primer libro mecánico que desplegaba los temas y los ampliaba con otros relacionados a través de un sistema de resortes que funcionaban con aire comprimido.

La idea de Ruiz Robles era conseguir que 32 ______ lo que sus alumnos necesitaran estuviera contenido en un solo tomo. Aunque no llegó a 33 ______ su meta al 100 %, sí pudo presumir de convertir su patente inicial en un prototipo que constaba de un maletín metálico del tamaño de un libro grueso. Dentro, el soporte para los carretes que se habían escrito 34 ______ mano con cuidada caligrafía, de materias tan diversas como lengua, matemáticas o inglés.

Aunque su aparato hubiera ahorrado graves problemas de espalda a sus alumnos e importantes sumas de dinero a sus padres, el 35 ______ nunca llegó a las aulas. Sus visitas periódicas al Ministerio de Educación no dieron 36 ______ y doña Angelita murió en 1975 sin ver materializada su idea. Años más tarde, el ebook conquistó a las editoriales y hoy en día es un instrumento muy utilizado por los lectores.


Вставь­те про­пу­щен­ное слово.

 

1.  Productos.

2.  Cosecha.

3.  Frutas.

4.  Frutos.

39.  
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Ha recibido una carta de su amigo español Felipe que escribe:

 

...He bajado una aplicación muy útil. ¿Usas el Internet para los estudios? ¿Dónde buscas la información necesaria para las clases? ¿Os dejan usar el Internet durante las clases?

Asistí a un taller de representación teatral...

 

Escriba una carta а Felipe.

En la carta:

— conteste a las preguntas de Felipe;

— formule 3 preguntas sobre el taller al que asistió.

 

Escriba 100–140 palabras. Recuerde las reglas de escribir cartas personales.

40.  
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Вы­бе­ри­те толь­ко ОДНО из двух пред­ло­жен­ных вы­ска­зы­ва­ний и вы­ра­зи­те свое мне­ние по пред­ло­жен­ной про­бле­ме со­глас­но дан­но­му плану.

 

Comente uno de los temas que se proponen.

 

1.  El verano es el mejor tiempo para el autoaprendizaje.

2.  Los padres desempeñan el papel más importante en la vida de los adolescentes.

 

¿Qué opinión tiene usted y por qué? Escriba 200−250 palabras.

 

Escriba según el plan:

— exponga el problema parafraseando el enunciado;

— exponga su opinión personal y aduzca 2-⁠3 argumentos para sostenerla;

— exponga una opinión contraria y aduzca 1-⁠2 razones al respecto;

— muestre su desacuerdo con las afirmaciones anteriores y explique por qué usted no las acepta;

— elabore una conclusión reafirmando su opinión.

41.  
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Imagina que estás preparando un proyecto con tu amigo. Has encontrado un material interesante para la exposición y quieres leer el texto a tu amigo. Tienes un minuto y medio para leer el texto en voz baja, luego prepárate para leerlo en voz alta. Tienes un minuto y medio para leer el texto.

 

El Taller de Teatro para los adolescentes del colegio tiene como base dos conceptos fundamentales: la dramatización y la dramática creativa. La dramatización permite aunar los recursos lingüísticos, corporales, plásticos y rítmicos, musicales, trabajando cada uno por separado para después desembocar en un mismo hecho teatral. La dramática creativa toma como base el juego, permite adentrarse en los secretos del espacio escénico y en el perfeccionamiento de un lenguaje teatral.

Además, el grupo se comunica con los espectadores que están fuera. Lo que más interesa es poder estimular el recorrido experimental de los jóvenes, alentando las manifestaciones personales de cada uno. El Taller permite al alumno una exploración e interpretación más profunda de sí mismo y de la realidad circundante, involucra a la persona en su expresión oral, corporal, emocional y psíquica.

42.  
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Observa el anuncio.

Has decidido inscribirte al curso de ballet y quieres recibir más información para aclarar algunas cosas. Dentro de un minuto y medio tienes que hacer cinco preguntas directas para averiguar lo siguiente:

 

1)  variedad de puestos de trabajo;

2)  salario;

3)  habilidades necesarias;

4)  a quién dirigirse;

5)  seguro de salud.

 

Tienes veinte segundos para formular cada pregunta.

43.  
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Aquí tienes las fotos de tu álbum. Elige una y descríbesela a tu amigo.

1

2

3

Tienes un minuto y medio para prepararte y dos minutos para la respuesta (12−15 frases). Mientras comentas la foto no te olvides de mencionar lo siguiente:

— dónde y cuándo ha sido tomada la foto;

— qué/quién está en la foto;

— qué está pasando;

— por qué guardas esta foto en tu álbum;

— por qué has decidido mostrar la foto a tu amigo.

 

Debes hablar continuamente y empezar: "Yo he elegido la foto № ...".

44.  
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Observa las dos fotografías. Dentro de un minuto y medio tienes que comparar y contrastarlas:

 

— describe las fotos brevemente (acción, lugar);

— di qué tienen en común las dos fotos;

— di en qué se diferencian;

— comenta cuál de las dos opciones propuestas preferirías para pasar tu tiempo libre;

— y explica por qué.

 

Tienes dos minutos para la respuesta (12−15 frases). Debes hablar de forma continua.